El primer movimiento serio (y alarmante) ha sido el cambio de mentalidad de los equipos. El show-time -el juego espectacular y vistoso que representaban mejor que nadie los Lakers de Magic en los años 80-, las canastas imposibles y los tiradores de tres puntos con licencia para fallar han pasado a mejor vida. La táctica ha podido con el talento, los jugadores físicos -descripción bajo la que se suelen esconder baloncestistas que defienden por agresivos, no por saber defender- pueblan los equipos, los tanteadores bajos son una realidad diaria… Es el triunfo del músculo por encima del cerebro. La NBA exige culturistas frente a gente que sepa colocarse para cazar un rebote; vemos más mates sí, y cada vez más estratosféricos, pero también vemos a bases incapaces de dirigir el juego de su equipo, por ejemplo. Esta tendencia se ha extendido por la liga como un buen rumor y ha tenido una incidencia mayor en cuatro de los equipos más legendarios de la liga (Celtics, Knicks, Lakers y Bulls): el que menos, lleva cinco años sin conseguir un anillo de campeón.
El segundo cambio está muy relacionado con el anterior: la NBA ha buscado en el extranjero lo que no encontraba en su propia casa. Así, si antes las universidades de Duke, Carolina del Norte o Kentucky eran las que proporcionaban las estrellas de cada generación: Bill Russel en los años 60, Magic en los 80 y Jordan en los 90, ahora los jugadores más sobresalientes de la liga son Dirk Nowitzki, Tony Parker o Pau Gasol, todos venidos de Europa y con fundamentos que parecían olvidados en la liga americana: botar, pasar, tirar; en definitiva, jugar al baloncesto. Aleros muy atléticos con grandes aptitudes para los tapones o escoltas anotadores que penetran y acaban machando el aro hay cientos en EE. UU., pero no busques un base que lea los partidos y que tenga tiro exterior o un pívot que sepa jugar de espaldas al aro y interprete bien los 2 contra 1. Para eso, la NBA ha tenido que mirar en Europa y ha encontrado una mina de oro: Tony Parker ya lleva tres campeonatos de la NBA, siendo elegido MVP de las finales del último que conquistó y Nowiztki ha sido elegido MVP de la temporada.
En horas bajas
Todos estos cambios de dirección se han agudizado en los últimos ocho años. En ese tiempo algunos equipos han sabido adaptarse mejor que otros, con lo que franquicias con poca tradición -como los San Antonio Spurs- han tenido más peso específico en la liga. ¿Y qué pasa con los clásicos? Se podría decir que en mayor o menor medida están pasando por tiempos oscuros. Los Lakers, Celtics y los Bulls han tenido que superar la jubilación de sus estrellas en los años 90 (Magic, Bird y Jordan respectivamente), pero sólo los angelinos han disfrutado de años de triunfos. ¿Qué pasará este año? ¿Mantendrán los bsu regularidad de la última campaña? ¿Podrá manejar Boston a tres jugadores franquicia como Ray Allen, Kevin Garnett y Paul Pierce y llegar por fin a una final de la NBA? ¿Abandonará Kobe los Lakers? ¿Los Knicks seguirán su trayectoria errática? La respuesta una líneas más abajo
¿De dónde vienen los 'Celtics'...

La mayoría de la gente piensa en Larry Bird (ya se sabe: bigote y pelo rubio, pantalones cortos típicos de los 70-80, excelente en casi todos los aspectos del juego, una espíritu competitivo fuera de lo normal…) como el paradigma de los Celtics, pero quien creó la leyenda de los de Massachussets fue Bill Russell, el ‘Señor de los Anillos’ de la década de los 60, como es conocido. Bill fue un adelantado a su tiempo: con sus 2,06 y unas manos que podrían eclipsar el sol, cambió por completo el concepto defensivo de la NBA. Su irrupción en la liga revirtió una situación casi agónica para los Celtics (a los que les costaba sangre, sudor y lágrimas tener un balance positivo de victorias-derrotas), consiguiendo el campeonato en su primera temporada -1956-. Con su dominio abrumador bajo los aros -llegó a coger 50 en un partido-, Russell consiguió 10 títulos de la NBA más, ocho de ellos seguidos (1961-1969) y que el parqué del Boston Garden fuera uno de los iconos televisivos de la década de los Beatles. Además de Russell, los años mágicos fueron realidad gracias a la magnífica pareja de hecho formada por Bob Cousy -lider de asistencias de la liga entre 1953 y 1960- y Bill Sherman -8 veces All-Star-, o los puntos de John Havlicek -sexto máximo anotador de la NBA de la historia con 26.395 puntos-.
Esa buena estrella continuó durante la primera mitad de los años 70, pero se fue apagando en la última mitad de esa década. No fue hasta la llegada de Bird cuando la franquicia despuntó de nuevo. La historia se repetía, el trébol de los Celtic volvía a dar suerte a un equipo que no igualó la gesta de Russell & Cia, pero que pudo disfrutar de tres anillos más (1981, 1983 y 1986): Bird lideraba un conjunto de magníficos jugadores donde destacaban la dirección de juego de Dennis Johnson, los movimientos elegantemente torpes de Kevin McHale o los tiros saliendo desde bloqueo de Danny Ainge. bpodría haber iniciado otra dinastía en los 80, pero su rivalidad con los Lakers del ‘show-time’ y de Magic y las lesiones de Bird y McHale les impidieron hacer todavía más.
¿De dónde vienen los 'Lakers'...

¿De dónde vienen los 'Bulls'...

Pensar en Chicago es pensar en el mejor baloncestista de la era moderna, Michael Jeffrey Jordan. Sin él, los Bulls siempre sólo habían alcanzado las semifinales de su conferencia. Con su presencia, se convirtieron en una máquina perfectamente engrasada que batió el récord de victorias en temporada regular (72) y que desplegaba un juego prácticamente imparable. Los Bulls fueron los reyes en los años 90, cuando conquistaron sus seis anillos casi de manera consecutiva (1991-1993, 1996-1998). Cabe pensar que si Jordan no se hubiera pasado dos años probando el béisbol, esos seis hubieran sido ocho títulos. Nunca se sabrá, pero lo que sí es cierto es que no hay historia de los Bulls sin Jordan, pero tampoco sin Pippen, Dennis Rodman, Toni Kucok…
... y hacia dónde van?
¿De dónde vienen los 'Knicks'...
Los New York Knicks -en un principio ‘knickerbockers’, literalmente ‘pantalones cortos’- son uno de los misterios del baloncesto americano: han tenido grandes jugadores, buenos equipos, entrenadores solventes y el público más fiel; pero esa misma hinchada sólo ha visto dos títulos en 61 años de historia. Los Knicks son al baloncesto lo que a la mitología griega era Sísifo: muchas veces han tenido el anillo de la NBA bailando entres sus dedos, pero casi nunca han conseguido el trofeo. Su primera buena época fue entre 1967 y 1968, cuando contrataron a Walt Fraizer, Bill Bradley y David DeBusschere, que sumado a Willis Reed conformaban un equipo muy potente. En 1970 y tras una extraordinaria campaña (60-22 en temporada regular) en la que superaron a todos sus rivales -Lakers incluidos- consiguieron su primer campeonato de la NBA y una gesta que, por la trayectoria errática de la franquicia, parecía imposible. En 1973, con los refuerzos de Jerry Lucas y Earl ‘La perla’ Monroe, los Knicks lograron su segundo anillo. Después de aquello, en el Madison se volvió a lo de siempre: decepción tras decepción. Hasta que la llegada de un joven Patrick Ewing convirtió a los Knicks en una franquicia aspirante a las finales, Jordan lo impidió en cada ocasión (algunos de sus mejores partidos de ‘Su majestad’ los jugó en la ciudad de los rascacielos, lo que le valió el odio-admiración de los habituales de los Knicks). Posteriormente, los Knicks han llegado a dos finales más: 1993 y 1999 -la temporada del ‘lockout’ o cierre patronal- en cada ocasión fueron arrollados sin muchos miramientos por Hakeem Olajuwon y sus Rockets primero y por los Spurs después.
... y hacia dónde van?

En Nueva York suelen decir que los Knicks consiguen que los psiquiatras nunca tengan un día libre. Como equipo han acabado con los nervios de aficionados de todas las épocas con sus continuos fracasos y, últimamente, se han sobrepuesto a un entrenador como Jeff VanGundy, tan obsesionado por por los más nimios detalles del juego que traslada todas sus rarezas a los jugadores, desquiciándolos completamente. Su día a día desde entonces no ha sido mucho mejor: cambios de entrenador, traspasos… Su mejor resultado desde 2003 ha sido caer en primera ronda de playoff. Todo este desastre señala al presidente ejecutivo Isiah Thomas -dos veces ganador de la NBA como jugador con los Pistons- como el máximo culpable. Este año él vuelve a ser el entrenador del equipo (su anterior periplo con los Knicks o con los Pacers de Indiana fue de todo menos brillante). Ha contratado a Zach Randolph como máxima estrella -no precisamente muy conocido por su regularidad- y mantiene el juego exterior que forman Nate Robinson y Stephon Marbury -dos jugadores capaces de meter 50 puntos en un partido y 0 en el siguiente-. Poco queda de los Knicks corajudos de los años buenos (el año pasado tenían la plantilla más cara de la liga: 125 millones de euros, pero fueron el peor equipo en el balance victorias-derrotas, con 23-59) y ni siquiera se mantiene una mínima esperanza de que algo pueda cambiar próximamente, pero nunca se sabe. De momento, un eminente aficionado como Woody Allen va a darle otro año de tregua a los Knicks, antes de irse a Lourdes.
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