Sí. El japonés Jigoro Kano lo consiguió a finales del siglo XIX. Además, colaboró a su expansión, convirtiéndolo en uno de los deportes más populares del mundo. ¿Cómo lo hizo?Por Mikel IruretagoyenaLas artes marciales japonesas codificadas entre los siglos XIX y XX, entre las que se encuentra el judo, tienen como origen común el
Ju Jitsu. El ideograma Ju corresponde a los conceptos de ‘adaptabilidad’ y ‘armonía’ y representa la posibilidad de adaptarse a las circunstancias sin oponer resistencia física ni espiritual, sino aprovechando para lograr ventaja la energía y la fuerza que nos viene impuesta. La imagen del bambú doblado en el suelo por la fuerza de la tempestad, pero que cuando ésta ha pasado se levanta con vigor, muestran perfectamente el concepto de Ju. Por su parte, el ideograma chino-japonés Do significa ‘camino’ o ‘método’, y se refiere al camino que se necesita recorrer para llegar al conocimiento, para vivir una existencia de hombre libre, aprovechando los aspectos positivos del siempre problemático acto de elegir.
Jigoro Kano y el nacimiento del JudoEl judo fue concebido y codificado por el profesor
Jigoro Kano, quien dedicó toda su vida al desarrollo y evolución de esta disciplina en el mundo.
Kano nació el 18 de octubre de 1860 en
Mikage, una pequeña ciudad cercana a
Kobe -
Japón-. El joven
Kano se mostró como un niño prodigio en los estudios pero, por su débil constitución, era incapaz de practicar los juegos entonces de moda. Eso le llevó a ser maltratado por sus compañeros más robustos. Decidió entonces desarrollar su físico mediante un programa de potenciación muscular; pero esa era una empresa complicada en el Japón de aquellos tiempos. Aún así,
Kano consiguió un equipamiento de béisbol y, en 1878, fundó el primer club de béisbol de Japón, el
Kasei Baseball Club. Como de esta forma tampoco logró desarrollar mucho su físico decidió pasarse al
Ju Jitsu. No fue sencillo, ya que en ese momento este antiguo arte marcial había perdido todo su prestigio. El declive se había producido por la introducción de las armas de fuego, que habían cambiado completamente las técnicas de combate, eliminando casi por completo las técnicas de manos desnudas.
En 1877,
Kano se matriculó en la
Facultad de
Letras de la
Universidad de
Tokio y, evitando el control paterno, pudo entrar a formar parte como alumno de
Ju Jitsu de la escuela de
Hachinosuke Fukuda, el primero de los tres grandes maestros que llevaron a comprender al joven
Kano los secretos de las dos escuelas fundamentales. El maestro
Fukuda pertenecía a la escuela de
Tenshin Shinyo Ryu: estaba especializada en los
Atemi
Waza (técnicas de percusión), los
Osaekomi Waza (técnica de control e inmovilización) y los
Shime Waza (técnicas de estrangulación).
Fukuda mostraba a sus alumnos las técnicas y les invitaba a realizarlas una vez tras otra, dando muy pocas explicaciones teóricas. Antes de morir, impresionado por la pasión y voluntad que animaban al joven
Kano, le dejó en herencia los
Densho (textos secretos de la escuela).
Kano encontró un nuevo maestro para continuar su trayecto por el camino del conocimiento; se trataba de
Mataemon Iso, el
Waka Sensei (joven maestro).
Mataemon Iso estaba dotado de tal habilidad técnica que enseguida
Kano lo reconoció como único.
Kano perfeccionó su técnica y fue reconocido como maestro de ambos
Ryu (escuelas), lo que legalmente le permitía fundar un nuevo
Ryu al que llamó
Kodokan (punto para el estudio del camino, del método): fue en 1882, año en el que nació el
Judo.
Dando forma a un nuevo deporteLa diferencia conceptual entre las escuelas de
Ju Jitsu y el nuevo judo
Kodokan era que la primera se basaba en defenderse del adversario más fuerte, mientras que la segunda era un método para educar a los hombres en el respeto recíproco, con el convencimiento de proceder, a la vez, de forma inteligente. La primera sede del
Kodokan, inaugurada en febrero de 1882, fue una sala del pequeño templo budista de
Eisho, preparada con 12 tatamis (la colchoneta sobre la que se practica el judo). La inscripción de los alumnos en el registro fue firmada con sangre, siguiendo la tradición del
Kodokan.
Kano debió también idear una vestimenta adecuada para esta práctica: optó por un kimono de algodón blanco (judogui), corto hasta las caderas, holgado, y con un cinturón de diversos colores (blanco, marrón y negro) según el grado de experiencia técnica alcanzado, con pantalones también blancos y largos casi hasta el tobillo. La expansión de la escuela fue rápida gracias a las repetidas victorias sobre todas las escuelas de
Ju Jitsu que desafiaban al
Kodokan. Su ampliación fue continua hasta 1958, cuando se trasladó a su actual sede, que permite la práctica de centenares de judokas gracias a sus 662 m2 de tatami, divididos en siete salas.
El primer presidente del
Kodokan fue el mismo
Jigoro Kano. Después, en 1894, fue fundado el consejo del
Kodokan; seis años después fue instituido el
Yudansha Kai (Asociación de los
Dan, o grados de cinturón negro); en 1949 se fundó la federación de
Judo, que absorbió a la
Asociación de los
Dan y estableció su sede central cerca del
Kodokan.
Educador por vocación natural y por íntima convicción, creyó siempre que “nada es más importante que la educación” y llevó adelante esta idea, aunque manteniendo y cultivando la tradición de su país. Contribuyó a difundir el deporte y ocupó importantes cargos: en 1909 se convirtió en el primer miembro japonés del
Comité Olímpico Internacional -COI- y, dos años más tarde, fundó la
Asociación Atlética Japonesa y fue su primer presidente. Desde los
Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo,
Kano fue el representante de Japón en todas las reuniones del
COI. En 1938, en
El Cairo, logró que
Tokio fuera designada sede de la
XII Olimpiada. Este acto fue su última labor a favor del deporte japonés: en el viaje de regreso a su país, el 5 de mayo de ese mismo año, murió en el barco
Hikawa Maru debido a una pulmonía fulminante.
Así es un combate
El local que alberga un combate de judo se denomina
Dojo (literalmente, lugar donde se estudia el método): en él está situado el tatami, una colchoneta de ocho metros de largo por otros ocho de ancho y unos cinco centímetros de alto que amortigua las constantes caídas.
Se considera ganador de un combate al judoka que consiga la máxima puntuación -denominada 'ippon'- durante el tiempo del combate (que, generalmente, es de

tres minutos). El árbitro es quién decide, a la vista de la ejecución técnica de la llave, la puntuación que ésta merece. Si se realiza de forma perfecta se le concede '
ippon' y gana el combate. De igual forma, la suma de dos wasaris equivalen a un '
ippon'. Un '
wasari' es una puntuación inferior al '
ippon', debido a que no se ha realizado la técnica de la llave de forma perfecta. Por debajo del '
ippon' y del '
wasari' encontramos el '
yuko' y el '
koka'. En ningún caso, la suma de varias de estas puntuaciones pueden sumar un '
ippon'. Transcurrido el tiempo de combate, gana el judoka que, sin haber conseguido un '
ippon', tenga mayor puntuación.
Además, ante una conducta antideportiva o una falta de combatividad se pueden recibir sanciones: '
shido' (un '
koka' para el contrincante), '
chui' (un '
yuko' para el adversario) o '
keikoku' ('
wasari' para el rival). El sistema de sanción es progresivo. Es decir, un judoka que recibe una sanción y persiste en su conducta recibirá otra aún mayor. Si ha recibido un shido, la siguiente sanción será un '
chui' y la próxima un '
keikoku'… si recibe un segundo keikoku' quedará eliminado (su adversario obtiene dos '
wasari' y por tanto gana el combate por '
ippon').
El Judo como deporte
El judo aparece por primera vez en una competición deportiva internacional en
París, concretamente en los campeonatos de
Europa de 1951. Los primeros Mundiales se celebran en
Tokio en 1965; donde en 1964 y durante los Juegos de ese año, este deporte ya se había estrenado como una de las disciplinas oficiales con novedades en las categorías a las que accedían los participantes: se organizaban por el peso: siete para las féminas: 48-52-57-63-70-78, y más de 78 kilos; y otras tantas para los hombres: 60-66-73-81-90-100, y más de 100 kilos. Este detalle altera los principios del Judo
Kodokan de
Jigoro Kano, pero era necesario por la objetiva superioridad física de los atletas más pesados que, a despecho de la aplicación de los principios técnicos, dominan
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sobre los más ligeros. Desde entonces, con el apoyo decidido del
COI y de la Federación Internacional, organizadores de las manifestaciones deportivas, estas competiciones no se han interrumpido nunca, sino que han aumentado con el tiempo, tanto en el número de naciones participantes como en las formas de competición: campeonatos de Europa, del Mundo, categoría femenina en los
Juegos Olímpicos, los
Europeos por equipos, los
Mundiales Militares, la
Copa del
Mundo por equipos, los
Mundiales Universitarios y la
Copa de
Europa por clubes, son algunas de las más prestigiosas.
Todo ello contrasta con la herencia espiritual, ética y moral dejada por
Jigoro Kano, contrario a las competiciones públicas dado que consideraba el judo como un método que debía ser aplicado a cada persona para entrenar su propio cuerpo y su propio espíritu. Aunque, por otra parte, el judo no se hubiera difundido de un modo tan relevante si no hubiese sido por la fuerza dominante de la competición.
Los mejores españoles
Tan sólo cinco españoles han obtenido medalla en judo en unos
Juegos Olímpicos. Destaca por encima de todos
Isabel Fernández, bronce en
Atlanta 1996, oro en
Sydney 2000 y, sin duda, la judoka española más laureada de la historia: también ha sido una vez campeona del mundo -1997-, y dos veces subcampeona -1999 y 2007-; en Europeos, ha ganado seis (1998,1999, 2001, 2003, 2004 y 2007) y ha conquistado otras tantas medallas (dos de plata y cuatro de bronce).
También hay que destacar a
Miriam Blasco que, con su medalla de oro en
Barcelona 92, se convirtió en la primera mujer española en lograr un título olímpico. En esa misma edición (la mejor para el judo español por la calidad de las medallas), también se proclamó campeona olímpica
Almudena Muñoz.
Yolanda Soler Grajera, medalla de bronce en
Atlanta 96 y
Ernesto Pérez Lobo, el único en lograr una presea en categoría de peso pesado (más de 95 kilos), son los otros dos medallistas olímpicos españoles.
Los 16 judokas más grandes de la historia
Los
Dan, que son los grados del cinturón negro, son diez en orden ascendente. A partir del 6º Dan el cinturón es de color rojo-blanco y, a partir del 9º Dan, el es rojo (grado máximo).
El 10º Dan solo ha sido concedido a 16 personas en la historia: de ellos, sólo uno era europeo, el gran maestro holandés
Antón Gessink. Fue el primer no japonés en ganar un campeonato del mundo.
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